domingo, 4 de mayo de 2008

Españoles: la prensa... ¡ha muerto!


Jaume d’Urgell
La totalidad de los grandes medios de comunicación unifican su discurso para ofrecer una visión distorsionada de la realidad, según la cual, un político franquista sería digno de honor. / Debemos llamar a cada cosa por su nombre: los españoles —por gusto o a la fuerza—, asistimos hoy a un formidable despliegue de la más pura, absoluta y genuina propaganda militar.

MADRID. El vergonzoso espectáculo que hoy nos ofrece la práctica totalidad de los medios de comunicación de masas, debe ser interpretado en clave de un ensayo general para cuando se produzca «el hecho biológico inevitable» de Su Excelencia el Jefe del Estado.

Solo en España —un país que todavía en 2008 permanece encabezado por un soldado franquista disfrazado de rey—, solo aquí, podíamos asistir a este grave insulto masivo realizado desde la prensa contra la prensa y el conjunto de la sociedad: hoy, 4 de mayo de 2008, cientos, miles de profesionales de la comunicación se han visto obligados e/o inducidos por sus empleadores a exaltar el supuesto honor y grandeza personal del que fuera ex presidente de la red ferroviaria española y ex procurador a cortes franquistas, que llegó a ser dos veces ministro, presidente del gobierno e incluso marqués, sin que ni un solo ciudadano le hubiera votado jamás para ejercer ninguno de esos cargos.

Tan vasta sincronización de voluntades exhibida para presentar a un destacado franquista como si se tratara de un defensor de la democracia y un prócer de la patria, debería movernos a la reflexión, acerca de quién, cómo y por qué nos hace pensar como lo hacemos. ¿Se puede ser libre mientras permanezcamos sometidos a una realidad virtual en la que todos los estímulos informativos están controlados de antemano? ¿Acaso nadie percibe el efecto de la manipulación informativa? ¿Tan bien funciona el fenómeno de la gradualidad en la modificación de la semántica de las palabras?

Lo cierto es que nada de todo eso debería sorprendernos, al fin y al cabo, habitamos en un sistema que nos ha hecho creer que «tenemos democracia gracias al rey» ; se nos ha hecho pensar que «la República es una peligrosa aventura que corresponde al pasado»; nos dicen —día sí, día también— que los bombardeos humanitarios llevados a cabo por nuestros valerosos soldados, sirven para democratizar a las sociedades que reciben esas bombas que tantos kilómetros de asfalto, camas y pupitres nos cuestan; se nos dice que «la vil catástrofe del 11 de marzo de 2004 fue perpetrada por ETA con la aquiescencia del PSOE» ; se nos dice que ciertas alcaldesas pueden ser terroristas por lo que piensan, aunque no cometan ningún acto violento; se nos dice que la valla es imprescindible; que no hagamos caso al artículo octavo; que hay separación de poderes... que vivimos en democracia.

¡Gloria y honor para el gran presidente al que le bastó un año escaso para integrar a España en el seno de una banda terrorista internacional como la OTAN! ¡Honor y gloria para el militante de «Juventudes Monárquicas» que fundó la «Unión Española»! ¡Gloria y honor para el presidente que nunca supo nada de la existencia de la Alianza Apostólica Anticomunista (AAA o "Triple A"), ni del Antiterrorismo ETA (ATE), ni de los Grupos Armados Españoles (GAE), ni de los Guerrilleros de Cristo Rey, Batallón Vasco Español (BVE), ni de los Comandos Antimarxistas!

Si para enterrar a un ex jefe de gobierno la máquina demuestra estar tan bien engrasada... ¿De qué no serán capaces en caso de un Referéndum de Independencia o cuando se produzca un relevo del militar que ostenta la Corona? ¿De qué no serían capaces para convencernos de ir a una guerra? ¿Para convencernos de que todos los jóvenes son sospechosos? ¿Que todos los pobres son culpables? ¿Que una persona rica es alguien de fiar?
Todos mienten, pero no importa, porque nadie escucha.

El Ateneo Republicano del Campo de Gibraltar respalda las declaraciones de Barroso


Diariosur / Diario La República

El presidente del Ateneo Republicano del Campo de Gibraltar, Juan Antonio Núñez, aseguró que, “al igual que hice durante el acto celebrado en Los Barrios, tras la intervención de José Antonio Barroso, corroboro sus palabras”. Núñez mostró su “perplejidad por la actuación de la Fiscalía en este caso, porque está todo documentado, ya que hay unos15 libros que hablan del Rey, que fue nombrado por Carlos Arias Navarro, que fue fiscal fascista en Málaga y firmó miles de sentencias de muerte a los republicanos”.

Habló también “del juramento, de rodillas ante un crucifijo y jurando los principios fundamentales del movimiento”, y considera que “Juan Carlos no se puede poner como modelo y asegurar que salvó la democracia durante el golpe de estado”.

Núñez entregó además un dossier con documentación sobre el Rey y la Monarquía. Además, se refirió al libro “del coronel Amadeo Martínez Inglés, autor del libro El 23 F el Golpe que nunca existió, en el que este señor mantiene que el golpe de estado encumbró al Monarca, pero que estuvo auspiciado por él y quedó como chivo expiatorio el general Armada”.

También habló del libro El negocio de la libertad, de Jesús Cacho, en el que este periodista explica que, “cuando fue nombrado Rey, Juan Carlos de Borbón no tenía ni un duro y para poder casarse tuvo que realizar una colecta entre los grandes de España para poder ir a Grecia”. Sin embargo, “ahora es una de las mayores fortunas y utiliza la frase de Lo que el viento se llevó, juro que no volveré a pasar hambre”. Núñez insistió en que la del Rey “es una de las mayores fortunas, gracias a los negocios de la libertad e incluso Ruiz Mateos reconoce que dio a Juan Carlos mil millones de pesetas”.

Asimismo aludió al libro “de Jaime Peñafiel, Juan Carlos y Sofía, retrato de un matrimonio, en el que cita a las amantes del Rey”. Por ejemplo, añadió Núñez, “habla de Marta, muy conocida en Mallorca, con la que estuvo 18 años y comenta que un día el marido de esta señora le comentó a un amigo que estaba muy deprimido porque se había enterado que su mujer le ponía los cuernos. Dale dos hostias al tío, le dijo el amigo y él contestó No puedo, se trata del Rey. ¿Habría álguien capaz de dársela si se entera que su mujer se la da con su Majestad?”. Más adelante, añadió Núñez, “cierto es que el ingenuo de Bouza hacía lo que podía, aconsejando a su amigo el Rey”. Y Bouza dice “le digo que hay que ser lo más discreto posible. También por nuestras esposas, que están en una edad muy difícil y se deprimen mucho. Y aprovechó para recordarle que prodigue gestos de amabilidad con la Reina en público”. Por otra parte, el presidente del Ateneo Republicano aludió al libro La soledad del Rey, de José García Abad. “En la edición de bolsillo, en la página 233 habla de sus amoríos, entre ellos, Bárbara Rey, al igual que Peñafiel y en la página 248 dice que José María Ruiz Mateos reveló, tras la expropiación de Rumasa, que había entregado al Rey mil millones de pesetas, en sucesivos maletines, que según cuenta el singular empresario jerezano, el Rey catapultaba a un escondrijo”. También “habla de los 77 coches que posee y de los regalos”.

Por otra parte, revista Eurobusines que asegura “que la fortuna privada de Juan Carlos I es de 1.790 millones de euros, casi 300.000 millones de las antiguas pesetas, por lo que es el cuarto español más rico y en el sexto lugar del ranking de los monarcas más ricos de Europa”. Esto, para Núñez “resulta casi un imposible, si tenemos en cuenta que llegó al reinado, con una mano avanti y la otra in dietro, y su padre, el añorado Don Juan, vivía de la caridad de algunos grandes de España”.

Por su parte, el portavoz del Partido Socialista de Algeciras (PSAL), Manuel Garnica, pide que la Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial de Cádiz, Ángeles Ayuso, “archive las diligencias de investigación que su Fiscalía está realizando en torno al discurso que realizó el alcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso”, el pasado 14 de abril en Los Barrios, “en el acto central organizado por los colectivos republicanos de la comarca y el apoyo de varios partidos políticos, entre ellos este partido localista”.
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Entrevista a J. Antonio Barroso, alcalde de Puerto Real

Mario Velasco

20 minutos

La Dirección Federal de IU ha mostrado su apoyo a José Antonio Barroso y pide la despenalización de las críticas a la Corona. El PP de esta localidad presentó una moción de apoyo a la figura del Rey en la que IU votó negativamente.

La coalición Izquierda Unida celebró el viernes en el patio medieval del barrio de El Pópulo, en el corazón del casco histórico de Cádiz, su tradicional fiesta por la III República . El acontecimiento se produjo tras las declaraciones de José Antonio Barroso. El alcalde de Puerto Real, y cabeza de lista de IU al Congreso de los Diputados por la provincia de Cádiz en las últimas elecciones generales , atendió unas horas antes del acto a las preguntas de 20minutos.es

Se ha generado una gran polémica por sus declaraciones en el Ateneo del Campo de Gibraltar.

En realidad, no ha sido mi intención generar esta polémica. Si lo hubiera sido, habría hablado así por primera vez. Pero esto es lo que he venido diciendo y documentando desde siempre. Durante la campaña electoral me vine significando por mi condición de republicano y de contrario a la monarquía, pero esta vez los medios se han hecho eco de algo que han sostenido también renombrados escritores sobre la Corona: su falta de claridad y opacidad.

¿De quién habla?

Jesús Cacho, en El negocio de la libertad , demuestra graves implicaciones del Rey en asuntos económicos movidos por intenciones espúreas.

No teme las diligencias que le ha abierto la Fiscalía de Cádiz.

Quien debe temer a la Fiscalía es la Casa Real, porque si se me sienta en la Audiencia Nacional hablaré de lo que conozco y de lo que otros han documentado perfectamente. Hay conductores de radio que se sorprenden de mis declaraciones cuando ya conocían mis argumentos y, muchas veces, sotto voce , dicen que es verdad que hay vínculos entre el Rey y empresarios corruptos, como los Albertos, Mario Conde, De la Rosa.

Y entonces...

El escándalo tiene más que ver con la forma de presentar la posición del Rey que con la búsqueda de la verdad. Este blindaje en torno a su figura que favorece a los poderes económicos es muy difícil de romper. Pero el referido libro de Jesús Cacho refleja incluso una carta firmada por el monarca en la que se solicitan diez millones de dólares para financiar a la UCD. Sin embargo, una de las técnicas de protección de la monarquía es que sólo se conozca de su existencia por los periódicos de papel cuché y los programas televisivos de contenido rosa, que únicamente exponen cuestiones triviales sin entrar en asuntos tan importantes como que el Rey no declara impuestos, posee una contabilidad opaca, negocios opacos.

O sea, que no se entendió lo que quiso decir.

Yo no estoy intentando que caiga la monarquía ni el advenimiento de la III República, sino exponer lo que considero son déficits de esta monarquía, que está exenta de todo tipo de control, su blindaje, la opacidad de sus cuentas, el carácter permanente de las prebendas que ostenta. El Rey es inimputable. Esto es un privilegio que ningún ciudadano tiene.

Otras voces republicanas defienden que debe suprimirse el delito de injurias al Rey del Código Penal.

El Código Penal debe tratar al Rey igual que al resto de los ciudadanos. Y el monarca debe declarar su patrimonio y no estar al margen de la Ley. Porque a mí no me van a callar, por mucha agresividad que hayan utilizado algunos grupos mediáticos que se han hecho eco de lo que primero publicaron otros medios minoritarios, y con aquéllos me refiero sobe todo a los medios vinculados al Grupo Prisa.

¿Llegará a haber un Estado palestino?










Cara a cara en L’Humanité entre Leila Shahid, delegada general de Palestina ante la Unión Europea, y Régis Debray, escritor y mediólogo.

Françoise Germain-Robin

L’Humanité / Rebelion

Traducido del francés para Rebelión por S. Seguí

Bajo la presión militar permanente de Israel, los fundamentos físicos, económicos y humanos de un Estado palestino se hallan en vías de desaparición. ¿Hay todavía un lugar en Palestina para un Estado palestino? Es esta cuestión paradójica la que suscita el debate con nuestros dos invitados, Leila Shahid, representante de la Autoridad Nacional Palestina en Bruselas, y Régis Debray, escritor y mediólogo (1). Régis, que no ha olvidado que fue filósofo, ha titulado su último libro Un candide en Terre sainte (2), y lo ha dedicado a la vez a su viejo amigo François Maspero, que le dio la idea de este reportaje “tras los pasos de Jesús”, y a Jacques Chirac, que le confió la delicada misión de estudiar “las coexistencias étnico-religiosas” en Oriente Próximo. En busca de los Evangelios y Palestina, Debray sólo ha hallado algunas evocaciones. Unos, atenuados por el tiempo; la otra, hecha pedazos por la ocupación y la colonización. Ha dado testimonio de la desaparición progresiva e inexorable del territorio de lo que debería ser un día Palestina. Precisamente este año, que debería ser, según George Bush, el de la creación del Estado palestino prometido por la ONU en 1947.

Por su parte, el movimiento sionista ha concretado su promesa y festejará los sesenta años de Israel. Es la primavera para Israel, y el invierno de la Naqba para los palestinos.
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Pregunta: Señor Debray, cuando uno termina la lectura de Un candide en Terre sainte no está lejos de la desesperación absoluta en lo relativo al futuro de Palestina. Tras su viaje de estudio sobre el terreno –en 2006, a petición de Jacques Chirac—, formula usted una afirmación implacable: “Los fundamentos físicos, económicos y humanos de un Estado palestino se hallan en vías de desaparición.” Y afirma también que ya en 1938 “la administración británica había verificado la imposibilidad de crear en Palestina dos Estados, uno judío, otro árabe.” Así pues, todas estas luchas, estos planes de paz, ¿todo esto no ha servido para nada? Y Leila Shahid, representante de Palestina en Bruselas, ¿está de acuerdo con este diagnóstico?

Régis Debray: En The Crack-Up, Scott Fitzgerald afirma: “Deberíamos ser capaces de comprender que las cosas no tienen remedio y sin embargo estar decididos a cambiarlas.” Es cierto; en este lugar que descubría de nuevo, después de varios años, mediante el análisis de mapas detallados debidos al brillante trabajo de los geógrafos de las Naciones Unidas, –la OCHAA—, comprobé la aplicación de un programa que se está llevando a cabo sin alharacas ni periodistas, y que consiste simplemente en ir hasta la frontera que es por el momento la del Estado de Israel: el río Jordán. Así se desarrolla, no de manera maquiavélica, sino de manera a la vez vital, espontánea, inexorable, una colonización camuflada de obras de infraestructuras, captación de aguas, ocupación de alturas, conexiones entre una colonia y otra, oficialización urgente de una colonias salvajes… en pocas palabras, un proceso que es un rodillo compresor y que no corresponde en absoluto a la imagen que tenemos en el exterior.

Ante esta realidad, me encuentro ante la siguiente dificultad: ¿hay que dejar a la propaganda diplomático-mediática que nos siga diciendo que “dentro de un año tendremos dos Estados”, que “la Conferencia de Annapolis ha reanudado la esperanza de paz", que “nosotros, Francia, exigimos la congelación de los asentamientos”… ¿Hemos de permitir esta cortina de humo o hemos de decir la realidad tal como es?

A mi modo de ver, lo que sería desesperante, es la validación de esta cortina de humo. Significaría dar por bueno el doble juego de un gobierno que se esfuerza en ser consensual en el exterior pero que actúa implacablemente en el interior. Y el doble juego de Occidente, que consiste en dejar hacer al más fuerte, protegiéndolo mediante una serie de declaraciones apaciguadoras. ¿Debemos rasgar esta cortina, con el riesgo de desanimar y desmoralizar a nuestros amigos palestinos? Es un dilema. Personalmente, escribo para mi opinión pública, para los franceses, para los europeos y no quiero que se adormezcan con faltas certidumbres.

Leila Shahid: Regreso de pasar un mes en Palestina después de cuatro años de ausencia, y estoy completamente destrozada, hundida, de ver hasta qué punto las cosas han empeorado. Tengo la impresión de que en cuatro años la situación se ha vuelto casi irreversible. Empezando por Jerusalén. Jerusalén hoy día ya no existe como ciudad árabe al Este e israelí al Oeste. El lugar en el que el muro es más repulsivo, más difícil de vivir, es Jerusalén. Porque allí, todo él es de cemento. En otros lugares, en los 700 kilómetros de recorrido, a veces es una verja con alambradas. Pero en Jerusalén, la gran Jerusalén, que es 60 veces más grande que en 1967, es totalmente de cemento y tiene nueve metros de altura.

En segundo lugar, es en Jerusalén Este donde la ampliación de las colonias ha sido más importante. Todas las informaciones lo prueban, en particular las realizadas por Paz Ahora, que ha hecho un notable trabajo de monitoreo de las colonias. Es algo que se enmarca en la tradición sionista clásica de una política de hechos consumados. Es algo que liberará a Israel de la necesidad de negociar el estatuto de Jerusalén, porque si esto continúa ya no habrá nada que negociar.

La tercera cosa que me ha chocado mucho es la extensión de las ramificaciones viarias que unen lo que se conoce como ring road, o carretera de circunvalación de Jerusalén, que anexionará prácticamente toda la ciudad en el plano del transporte y del espacio. Estas ramificaciones sólo comunican las colonias. No hay una sola vía que vaya a Beit Hanina o cualquier otro suburbio de Jerusalén Este. El aislamiento de Jerusalén respecto a Cisjordania y los territorios ocupados es un hecho consumado: ya no podemos hablar de Jerusalén Este como capital del Estado de Palestina. Por último, y esto afecta concretamente a los franceses teniendo en cuenta las empresas participantes (Veolia y Alstom), el tranvía conectará las colonias de Jerusalén Este a Israel, en abierta violación de todas las normas del Derecho Internacional.

En el resto de Cisjordania, la extensión de las colonias en torno a Ariel, la de Ma’ale Adumin prácticamente hasta el mar Muerto, la extensión del bloque de Gush Etzion, hacen que no queden ya más que tres entidades completamente separadas: el bantustán del Norte, el del centro y el del Sur, que no son viables como territorio de un Estado.

Cuando usted les dice todo esto a los responsables israelíes, éstos, con toda la seriedad del mundo, le responden que van a hacer túneles por debajo de las colonias y puentes por encima, a fin de respetar la letra de lo escrito en los acuerdos: la continuidad territorial. ¡Es literalmente kafkiano, pero lo dicen poniendo cara seria!

Los primeros que pueden comprobar este estado de hecho, son los habitantes de Palestina, que ya no reconocen visualmente el paisaje en el que viven. Cada día hay o bien una nueva colonia, o bien una salvaje deviene oficial, o bien otra alcanza la calificación de ciudad, como Ariel o Modi’in. Esta constatación es verificable por boca de la mayoría de los ciudadanos, aunque no de los responsables de la Autoridad Nacional Palestina. Si los responsables se vieran obligados a admitir que ya no hay fundamentos territoriales para un Estado, entonces deberían dejar de negociar. O bien deberían adoptar otra estrategia.

Pregunta: En su informe usted prevé una anexión, en el plazo de treinta años, de todos los territorios ocupados. Sarih Nusseibeh, rector de la universidad de Al Qods, recuerda en su último libro (3) que un día publicó una carta abierta en la que pedía a Israel que se anexionase los territorios palestinos, lo que conduciría, a más largo plazo –afirmaba—, a que los palestinos tuvieran los mismos derechos cívicos que los israelíes. Y resolvería el problema, máxime teniendo en cuenta que el crecimiento demográfico palestino es elevado. ¿Prevé usted una solución de este tipo?

Régis Debray: Yo no preveo ningún tipo de solución porque no soy un político, ni un diplomático, ni, menos aún, un futurólogo: todos ellos se equivocan permanentemente. Lo que digo es que estamos asistiendo a lo que se denomina en otros lugares una limpieza étnica, más o menos soft pero perfecta porque se trata de la cosa sin la palabra. Es a la vez algo continuo e invisible. Mi problema no es concebir planes quiméricos, sino partir, como dice Leila, de la situación tal cual es. Las Naciones Unidas la conocen al detalle, mediante mapas perfectamente objetivos, meticulosos y elaborados casi cotidianamente. Lo que me planteo es el futuro de los palestinos y el de la Autoridad Nacional Palestina. La propuesta de Nusseibeh es en el fondo la de un Estado binacional, de la cual los israelíes no quieren ni oír hablar. Podemos comprenderlos. Han creado un Estado para tener un lugar en el que sean mayoritarios y salir de una situación de minoría que se remonta a la época del emperador Tito. Podemos comprender que no tengan ganas de ser, al cabo del tiempo, otra vez minoritarios. La lógica misma del proyecto sionista excluye la binacionalidad. De lo contrario, el sionismo no tendría sentido.

Lo llamativo para mí es esta especie de silencio que guarda la Autoridad Palestina, la cual, ante este estado de cosas, tendría dos actitudes posibles: la primera: me disuelvo, le entrego a usted las llaves y aplicamos el Cuarto Convenio de Ginebra (4), en virtud del cual el que ocupa un país debe gestionarlo, es decir, pagar a los funcionarios, financiar los hospitales, las carreteras, las escuelas, etc. Esto tendría al menos el mérito de la claridad y pondría a todas las partes ante sus responsabilidades. La otra solución es la de enviar los mapas de la región a George Bush, Nicolas Sarkozy y Anthony Blair y decirles: “Basta de juegos. No tenemos los medios para oponernos a esta situación, pero al menos seguimos de pie y lúcidos. No aceptamos la actitud de Tartufo que ustedes adoptan. Hablan de perspectivas que no tienen ningún viso de realidad. Exhortan a los israelíes a tomar medidas, y éstos asienten con la cabeza a la vez que hacen exactamente lo contrario. Y ustedes nunca se dan por aludidos. Consideramos que son ustedes corresponsables de una violación cotidiana de la legislación internacional. No los consideramos como una instancia neutra de supervisión. Ustedes han tomado partido por un Estado que, por razones que le son propias y fácilmente explicables, se considera por encima de la Ley.”

Lo que encuentro lamentable cuando se es amigo de la causa nacional palestina –como yo mismo hubiera sido amigo de la causa israelí en 1946— es avalar no sólo una denegación de justicia sino también una mentira perpetua y un adormecimiento general de la opinión pública. Si seguimos como quien no se da cuenta de nada, como si hubiera negociaciones entre dos partes iguales y de buena fe, nos convertimos en colaboradores. He aquí las cuestiones que muchos palestinos, y no sólo afines a Hamás, y muchas personas bien informadas, como nuestro embajador Stéphane Hessel, comienzan a plantearse.

Pregunta: ¿Qué opina de todo esto Leila Shahid?

Leila Shahid: Estoy de acuerdo con la no credibilidad del proceso de negociación, hoy. Fue creíble entre 1993 y 2000. Y aprovecho para aclarar que no ha habido negociaciones desde el verano de 2000 hasta Annapolis, es decir, prácticamente durante siete años. Sólo se han reanudado, oficialmente, desde Annapolis, pero sin realizar ningún avance. La realidad, por su parte, se ha agravado mucho. Es cierto que hay dos posibilidades: o bien la Autoridad a cargo de las negociaciones, es decir Mahmoud Abbas, dice: “Es una mascarada que me desacredita y vacía de credibilidad todo el proceso, por lo tanto me voy a casa”, y pone el dossier en manos de una comunidad internacional que se ha mostrado inexistente; o bien afirma: “La negociación no ha funcionado, es necesaria una nueva estrategia, militar, política, de levantamiento popular; lo que sea, pero otra cosa.” Es decir, poner punto final a la estrategia de Oslo en la que fue, personalmente, el negociador principal.

¿Por qué Abbas no hace ni una cosa ni otra? No creo que sea por falta de valor ni porque no llegue a las mismas conclusiones que nosotros, que sí llega. Pero, el día que lo diga públicamente se habrán terminado las negociaciones. Y deberá pasar el testigo a un tercero. ¿Pero a quién? Las Naciones Unidas han demostrado su incapacidad para asumir su papel, y la comunidad internacional es, por primera vez desde la II Guerra Mundial, totalmente cómplice de la ocupación y no es capaz de tratar a Israel como a un Estado sujeto a derecho. Es la primera vez en el mundo que un Estado va tan lejos en la violación de las leyes sin que se le aplique ninguna forma de presión, ni directa ni indirecta, ni económica ni política.

Estimo que la razón directa de lo que aparece casi como un tipo de colaboración –es Debray quien emplea esta palabra, no yo­– es en parte responsabilidad de una comunidad internacional que no ha dejado otra posibilidad a la dirección palestina. Entre los palestinos hay un sentimiento profundo de hallarse en un cara a cara total con Israel, de hallarse entregados a Israel. Se trata de una conciencia clara de que la comunidad internacional no funciona en lo relativo al problema palestino, y ni siquiera exige la aplicación de sus propias resoluciones, empezando por la Resolución 242 de las Naciones Unidas, que rechaza la adquisición de territorios por la fuerza. Esta Resolución se aplica cuando se trata de los Balcanes, Timor Leste, Kosovo y cualquier otro lugar del mundo, pero no cuando se trata de Israel. Y ello es debido a que Israel, por su relación histórica con Europa, puede hacer caso omiso de todas sus obligaciones.

Es esto lo que crea la ilusión –y digo que es una ilusión– de que no hay salvación fuera del diálogo directo con los israelíes, en una relación de fuerzas tan desigual que se utiliza no sólo para cambiar la realidad sino, lo que es más grave, para desacreditar a aquellos que como yo hemos optado por la coexistencia. En mi opinión, Yasser Arafat es un personaje histórico para los palestinos que también lo es para los israelíes. Y no porque Oslo fuera negociado correctamente –que no lo fue– sino porque hizo que su pueblo adoptase la idea de coexistencia. Lo que quiere decir, aceptar la legitimidad de Israel y hacerla aceptar por todos los árabes. Hoy, el descrédito que envuelve al proceso de paz desacredita también el concepto mismo de coexistencia. Pues ante la ceguera total de los israelíes, las opciones de que dispone la dirección palestina no son muy numerosas.

La otra opción consiste en cerrar la negociación abierta en 1993, por falta de resultados. Mahmoud Abbas afirma que lo hará antes de fin de año si no hay cambios.

¿Hay otra estrategia, otra forma de lucha política o incluso militar? Creo que la dificultad es el desafío que representa Hamás, que, desde el principio, rechaza la vía negociadora. Decir que se renuncia a ella equivale a reconocer su éxito. No es fácil. Disolver la Autoridad Nacional Palestina sería una irresponsabilidad completa, pues ¿a quién se confiaría la población palestina?, ¿a los israelíes?

Por estas dos razones, la Autoridad Nacional Palestina sigue por un camino que puede ser malinterpretado y que suscita entre la población, y también entre los amigos de Palestina, un cuestionamiento inmenso. Hay una reflexión en la sociedad palestina sobre la redefinición de una estrategia. Como si hubiéramos acabado un ciclo. Israel deberá asumir su responsabilidad en la terminación de este ciclo iniciado en 1993, y que le ofrecía, por primera vez en 45 años, una legitimidad. Si no hay ya esperanza de un Estado palestino, perdemos todo ese bagaje y se abre un nuevo ciclo del que nadie puede establecer su perfil.

Pregunta: ¿La idea de Régis Debray de instalar la ONU en Jerusalén podría cambiar las cosas?

Régis Debray: Aparentemente es esperpéntica, pero en el plano jurídico es inatacable. La Carta de las Naciones Unidas no determina el lugar donde deba establecerse la Sede. Si una mayoría de la Asamblea General así lo decidiese, el Consejo de Seguridad no podría oponerse. La idea está ya en Massignon, que en 1937 se daba cuenta de que la Sociedad de Naciones, como la ONU hoy –un trasto, según el general de Gaulle–, no estaba a la altura de su tarea. Massignon dijo que podía revitalizarse instalándola en Jerusalén, que consideraba ya un lugar conflictivo. Pero los estadounidenses no tienen ningún interés. Controlan la ONU por diferentes medios, el primero de los cuales es la osmosis, el sistema de escuchas, las diversas presiones sobre los Estados pobres. Los israelíes tampoco lo desean. Es un país ultrasoberanista que no desea que la comunidad internacional se meta en sus asuntos.

Tener la ONU en casa puede ser embarazoso, cuando uno se niega a aplicar sus resoluciones. Pero a largo plazo habría un interés físico de todas las naciones del mundo en que reinase la paz en el lugar-sede de la ONU. Sería una garantía de seguridad a largo plazo para Israel. Además, sería un punto de equilibrio que garantizaría la neutralidad: no es sano que el organismo encargado del Derecho se halle en el lugar de la Fuerza. La coincidencia entre la capital de un imperio y la del Derecho Internacional está viciada por principio.

Leila Shahid: Por mi parte, considero esta idea genial; nunca se me había ocurrido. Pero si resulta imposible mudar la ONU, se puede al menos intentar implicarla más. No se ha hecho un balance de sus fracasos. Tenemos una tendencia excesiva a atribuir el fracaso a los palestinos, especialmente en estos momentos. Si no hemos sido capaces de desafiar a Israel, con el pretexto de que no se puede atacar a su soberanía, a la vez que este país lo hace con otros, estamos aplicando la ley del embudo. ¿Dice que la ONU es un trasto? Pero no hemos encontrado otra cosa con que sustituirla. Si Israel desea anexionarse todos los territorios, va a encontrase con cinco millones de palestinos en sus manos y deberá gestionar esta situación en todos los planos, incluido el de la seguridad. Quizás un día Israel tendrá necesidad de las Naciones Unidas para salir del fangal en el que se habrá metido.

Régis Debray: En efecto, hay algo de suicida en la actitud de los israelíes, y algunos de ellos tienen conciencia de este hecho. He visto a Abraham Burg (5) hace poco: es uno de los que ve a lo lejos. Una de las razones para mantener la esperanza es la presencia de espíritus libres en Israel, gentes que alían una gran cultura con una gran valentía, y que se dan cuenta de que la política de fuerza no es sólo ilegítima sino también contraproducente en sí misma, y causa, a fin de cuentas, de debilidad.

Hay una palabra capital que no hemos pronunciado: la Shoah. Israel es un Estado al que se le permiten muchas ilegalidades. ¿Por qué? Porque para todo Occidente es un remordimiento y una falta. Tenemos el sentimiento de tener una deuda, quizás no eterna, pero que aún no ha sido pagada, y que se llama Holocausto. Esta deuda otorga a Israel el estatuto ontológico de víctima, y ejercer una presión sobre este país es hacerse, de algún modo, cómplice a posteriori de un crimen contra la humanidad.

Europa está paralizada porque lleva sobre sí esta inmensa culpa. Es significativo que sean los países en los que no ha habido deportaciones ni estrellas amarillas los más objetivos, los más valientes. Me ha impresionado la actitud de la Iglesia anglicana en relación con otras iglesias cristianas. También los países nórdicos, España, todos los países que no tienen este estigma innoble en su pasado y que se nos recuerda cada día: no pasa un día en que la radio, la televisión, los periódicos no citen el Vél d’Hiv (6) y Vichy. Y esto da a Israel una inmunidad que nadie se atreve a cuestionar. Esto en lo relativo a Europa.

En cuanto a Estados Unidos, es una colonia espiritual del pueblo hebreo. Está escrito en los genes del país, en su génesis histórica. Así pues, tenemos en Europa una imposibilidad psicológica de intervenir y en Estados Unidos una imposibilidad teológica. Las dos, conjuntamente, forman la comunidad internacional. Dicho esto, no queda gran cosa que esperar del exterior. Salvo si un palestino se alza ante la comunidad internacional y comienza a hablar la verdad, a decir: “Sí, ha existido la Shoah; sí, es un crimen inexpiable, pero, ¿debemos expiarlo nosotros, que no lo hemos cometido?, ¿acaso un crimen contra la Humanidad excusa crímenes de guerra perpetuos?” Creo que hay que sacudir a la opinión pública internacional. El trabajo que Arafat ha hecho ante su pueblo y el mundo árabe es preciso que un palestino lo haga ante la conciencia internacional. Que la ponga ante su propia retórica, que la tome al pie de la letra: “¿Son ustedes la Ley, sí o no? Si no se respeta lo que ustedes dicen, cesen de firmar resoluciones. Disuélvanse.” Es preciso ser un poco radical para ser realista, es decir, es necesario ir a la raíz de las cosas. Estimo que los palestinos no son suficientemente radicales. Y no hablo de violencia, sino de radicalidad teórica y práctica.

Leila Shahid: Es cierto que los palestinos, como el mundo entero, han caído en la trampa de la diplomacia biempensante. Han creído en un nuevo orden mundial en el que cada uno tendría su lugar. Estoy de acuerdo con el análisis de qué es lo que ha paralizado a la comunidad internacional. Por esta razón yo les digo a las altas instancias europeas: “Israel no es sólo nuestro problema, es también el de ustedes. Israel forma parte de su historia. Forma parte de nuestro presente y de nuestro porvenir, pero no de nuestro pasado. Y ustedes no pueden ajustar cuentas con su pasado contentándose con enviarnos ayuda humanitaria.”

Considero que la propuesta de coexistencia hecha por Yasser Arafat estaba basada en esta premisa: aunque no hemos sido históricamente responsables del genocidio, asumimos que es un crimen contra la Humanidad, que ha tenido lugar. Asimilado esto, hemos aceptado reconocer a Israel y su deseo de fundar un Estado nacional en un lugar donde nunca había habido un Estado judío. Es por esta razón que nos sentimos, en el plano de la madurez política y de nuestra posición ética, por delante de muchos de los conflictos nacionales: hemos integrado al que ha sido nuestro enemigo histórico en la visión de nuestro propio futuro. No se reconoce suficientemente este mérito a los palestinos.

La tragedia es que a causa de la obstinación israelí, a causa de la culpabilidad del mundo en relación con Israel, vemos desarrollarse por primera vez en la historia un auge del antisemitismo en un mundo árabe que no comprende que la única respuesta de Israel sea más expulsiones, más colonias, más muro. Pero hay en Israel personas justas a las que quiero rendir homenaje, militantes anticolonialistas que ven más lejos que los políticos.

Cuando se tiene la impresión de que todas las salidas están bloqueadas, como ahora, algunas cosas pueden desencadenar una situación nueva. Hay en la sociedad israelí, en el plano de los escritos, algunos cuestionamientos fundamentales. Por ejemplo, el último libro de Abraham Burg, que se atreve a llamar las cosas por su nombre y describir el estado de su sociedad, aún a riesgo de linchamiento. Por ejemplo, Schlomo Zand, que acaba de publicar en hebreo un libro en el que se pregunta si se puede hablar de un pueblo judío. Hay en el pensamiento judío sionista una reflexión que puede poner en cuestión muchas cosas.

Lo que me desespera, en cambio, es Europa. Trabajo desde hace dos años en los medios de la Unión Europea, uno de los conjuntos regionales que más cuentan en el mundo. Esta Europa se muestra incapaz de existir políticamente, pero en cambio se lanza a proyectos nuevos, como la Unión por el Mediterráneo.

¿Cómo es posible hablar de una unión de este tipo con un conflicto tan importante en su corazón, cuando no se ha sido capaz de hallar una solución en 13 años de Proceso de Barcelona? Es, una vez más, la política del avestruz. Y me inquieta porque veo que hay otras fuerzas políticas en esta región que se alimentan de nuestros fracasos, los de los laicos, los de los partidarios de la coexistencia. Gentes que tienen otra visión están ganando terreno todos los días. Y no sólo en Palestina. Es un fenómeno que va de Mauritania a Irak.

Honestamente, estoy más desesperada por la actitud de Europa que cuando observo a nuestra dos sociedades, la israelí y la palestina, que creo firmemente que encontrarán recursos para salir de esta situación a pesar de los fracasos en que estamos todos sumidos.

S. Seguí pertenece a los colectivos de Rebelión y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.
____________

(1) Método de análisis de los procesos de transmisión cultural, que estudia las relaciones entre los objetos simbólicos, las formas de organización colectiva y las mediaciones técnicas (NDLR, L’Humanité).
(2) Un candide en Terre sainte, Gallimard, 2008
(3) Il était un pays, la Palestine, Lattès
(4) Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra (Convenio IV)
(5) Ex presidente de la Kneset (Parlamento israelí), Abraham Burg acaba de publicar Vaincre Hitler
(6) Nombre coloquial del Vélodrome d’Hiver, recinto deportivo parisino en el que, en julio de 1942, fueron hacinados miles de detenidos judíos antes de su deportación a los campos de exterminio (N. del t.)

Ateísmo y III República

Francisco Miñarro, Coordinador FIdA.

Charla pronunciada el 24.04.08 en el Ateneo Republicano de Valladolid

Ver el vídeo (40 min. aprox.)

A primera vista, puede parecer extraña o artificial la pretensión de conjugar ambos términos, y aún más la de establecer una relación de causa y efecto entre una forma de pensamiento que atañe exclusivamente a los contenidos de la propia conciencia y la reinstauración de un modelo de Estado que recupere la legitimidad democrática rota por el franquismo. Sin embargo, la ecuación se resuelve desde el momento en que atendemos al significado de su implicación mutua y comprendemos ambos términos desde la perspectiva de su objetividad y de su racionalidad histórica.

Pero antes, será oportuno hacerlo también partiendo de la reacción planteada por los pensadores irracionalistas europeos contrarios a los valores de la Ilustración. Dejando aparte el origen primitivo de la realeza sagrada, fueron los ultracatólicos del XVIII, en especial Louis de Bonald, quienes defendieron de forma más clara la síntesis entre teísmo y monarquía, y consecuentemente idearon su contraposición en forma de una relación directa entre ateísmo y democracia. La presencia de un icono central en ambos sistemas, el religioso y el monárquico, justificaba la equivalencia entre el rey terrenal y el de los cielos, de donde se deducía que la forma adecuada de gobierno sería la que imitara a la teocracia divina.

La aparición del constitucionalismo como superación de esta alternativa fue más tarde considerada como muy útil. No solamente existía un paralelismo entre la monarquía absoluta y la imagen de un regente divino universal, en tanto que ambas entelequias forman parte de sistemas jerárquicos de representación, sino que también la monarquía constitucional moderada, desde un punto de vista peculiar, reunía las condiciones adecuadas para mantener una relación íntima con la imaginería política del Catolicismo. Esta solución clerical entusiasmó sin duda a los ideólogos de la reacción y a los partidarios de las monarquías europeas en decadencia, y demostraba la fina capacidad de adaptación de algunos defensores del Antiguo Régimen ante las circunstancias históricas surgidas tras la Revolución.

Se trataba, en suma, del razonamiento siguiente: existe una providencia por la que se rigen los acontecimientos del cosmos. Ésta será ordinaria cuando obre de acuerdo con las leyes naturales, y extraordinaria o milagrosa cuando haga lo contrario. De forma tal que, en el primer caso, “Dios” actuaría constitucionalmente, y, en el segundo, dictatorialmente. Conclusión no exenta de cierta lógica, y que por lo demás inaugurará toda una tradición de propaganda teológico-política por parte de la Iglesia.

Salta a la vista que la dictadura es, según la citada interpretación, el milagro que subyace en la política monárquica, y que su fundamento reside simplemente en la negación directa de la emancipación social. El pueblo es tutelado y supervisado por una institución que se coloca por encima de él y que recibe su justificación desde fuera del espacio público común, derivando su existencia del mito y de la tradición.

Pero no sólo el mito como doctrina y la tradición como ortodoxia condicionan el problema de la autoridad política de la monarquía. La religión, imbricada férreamente con toda teoría del poder, posiblemente constituya el factor nuclear más indicado para configurar un código de normas y de presiones psicológicas, hasta tal punto interiorizadas que hacen menos necesaria la intervención de otros mecanismos de vigilancia. La religión es, por definición, estrategia política y propaganda de masas en estado puro.

Al colocar por encima del hombre la norma de su acción, toda religión llama a respetar lo sagrado, a someterse a ello. Proclamar la soberanía de un dios implica necesariamente afirmar la subordinación del hombre. Puesto que el orden social, según la religión, no puede venir más que de un principio superior y exterior, y puesto que la sociedad no puede encontrar en sí misma su justicia, el Estado no sería el resultado de contratos que emanarían de los ciudadanos, sino el producto de las relaciones de subordinación entre una autoridad y un sujeto que obedece. La concepción cristiana de un soberano absoluto propone una imagen análoga al principio de la razón de Estado.

La teoría religiosa mantiene un vínculo preciso con el Estado despótico. La democracia, por el contrario, responde a la necesidad de un contrato social, lo que indica la equivalencia jurídica entre las partes y la ausencia de una premisa religiosa que la avale. Una cierta lógica indicaría, sin embargo, que, dada la relación establecida entre monarquía y teísmo, la consecuencia política del ateísmo no podría ser otra que la anarquía. Y en efecto, así lo creyó Proudhon. Ya que “dios” ni reina, ni gobierna, ni es persona o multitud, dado que no existe, tampoco tendría validez normativa ninguna forma de gobierno, aunque no justificara la existencia del Estado y de sus dispositivos de autoridad basándose en abstracciones.

Dicha perspectiva, no obstante, puede matizarse hasta cierto punto con el argumento de la consideración del ateísmo no en tanto que un simple sistema de valores reducidos a la negación de fábulas teológicas y de supersticiones, sino más bien como conciencia de la propia autonomía y de la responsabilidad del individuo como creador único de su norma, en interacción directa con el medio. Ese es el sentido en el que debe comprenderse el individualismo ateo. Sea cual sea el grado de democracia real dentro de un sistema político cualquiera, tal autonomía implicaría el derecho y las herramientas aptas para prescindir de instituciones y normativas no basadas en el libre consenso, especialmente cuando reproducen matrices derivadas de engaños jurídicos, como en el caso de la actual monarquía española.

Más allá de su legitimidad constitucional, e incluso dejando a un lado las especiales características que rodearon a la restauración impuesta por el dictador como legado, lo que sostiene a toda monarquía es el mito de la sucesión sanguínea, el milagro pre-político de la línea dinástica. No se trata simplemente de un paralelismo entre el imaginario religioso y el de gobierno, como ya hemos visto, sino de la intervención directa de causas extraordinarias, de carácter mítico o mágico, que se pretenden subyacentes y preeminentes sobre la racionalidad del consenso democrático.

En lenguaje marxista, podría decirse que la crítica a la religión es el presupuesto de toda crítica. El hombre construye la religión, porque en ella proyecta su propia conciencia y su propia dignidad. Por eso, toda religión constituye una teoría del mundo, y toda lucha contra la religión implica, directa o indirectamente, una lucha contra ese mundo infectado de religiosidad. Ésta es la razón fundamental por la que el “nuevo ateísmo” no puede limitarse a una reflexión personal en torno a las ficciones de la teología, sino que implícitamente responde a una voluntad de emancipación y de liberación ética y social.

Así como la religión no crea al hombre sino el hombre a la religión, tampoco las constituciones dan forma a los pueblos, sino que éstos dan forma a sus normas fundamentales. La democracia se distingue porque en ella las Constituciones son un reflejo de la voluntad ciudadana. Una Constitución no puede formar por sí misma el Estado. La monarquía es una inconsecuencia cuando se pretende “constitucional” o parlamentaria, puesto que infiere su existencia de causas que le trascienden –la línea dinástica, el mito de su origen, la gracia divina, la guerra o la conquista, etc.-, mientras que la democracia no recibe otro significado que el suyo propio. La segunda es género y forma; la primera, especie defectuosa que cuando se presenta como forma falsea el contenido.

Sólo una democracia puede decirse tal cuando se recrea y experimenta como un espacio vivo de derechos y libertades. Cuando surge de la objetividad y regula racionalmente las tensiones que se dan en la sociedad. Decir Democracia es decir República, porque sólo ésta garantiza la igualdad jurídica para todos los ciudadanos. Y decir República es decir Democracia, porque la primera no se reduce a una fórmula hueca definida por las instituciones, sino que responde a la experiencia de la justicia y de la participación activa en la vida pública.

Por eso, democracia, república y laicismo son, en realidad, sinónimos, y constituyen la antítesis de la propuesta monárquica. El laicismo es la única garantía para la igualdad y la libertad de los ciudadanos, puesto que implícitamente rechaza la consideración de sujeto jurídico para las comunidades basadas en la pertenencia a un credo, y contempla al individuo como único actor social dotado de derechos. Esto no impide, en modo alguno, la posibilidad de interacción entre las comunidades religiosas como tales y el espacio público, dado que, como cualquier otro colectivo, éstas pueden legítimamente organizarse y ejercer medidas de presión dirigidas a favorecer sus propios intereses. Pero excluye la subordinación del resto de los ciudadanos a cualquier normativa y a cualquier ideología moral o religiosa, reforzando así el carácter absolutamente inviolable de la conciencia individual.

Pero si bien el laicismo constituye una regla básica de convivencia, al evitar la supremacía de un condicionamiento religioso cualquiera sobre la totalidad del cuerpo social, sólo la emancipación del propio individuo con respecto a dichos condicionamientos puede contribuir a garantizar su estabilidad, al no subordinar la legitimidad democrática a ningún factor externo y trascendente. El ateísmo, entonces, en tanto que afirmación de la conciencia liberada del individuo, deriva en la valoración de lo público como escenario de las libertades políticas individuales, a la vez que define a éstas en virtud de su coherencia y de su proyección objetiva.

La República es la materialización de la democracia, en tanto que implica la absoluta igualdad y la absoluta participación del individuo en el campo político. Pero la plenitud democrática se construye en dos direcciones: estableciendo límites a las ambiciones comunitaristas, que son exclusivistas y actúan siempre en prejuicio de la colectividad mayor, y permitiendo el proyecto de autonomía ética, social y cultural de los ciudadanos.

El poder, en la República, pertenece a todos, y se ejerce en beneficio de todos. Cuando el poder se pone al servicio de los más influyentes no puede hablarse de República, sea cual sea el sistema de gobierno adoptado, porque en realidad el término posee un carácter más normativo que jurídico o constitucional. Supone la voluntad de resistir a los privilegios, los corporativismos, las iglesias y el parasitismo. Supone, en definitiva, un principio regulador.

Ser republicano es aspirar al máximo grado de derechos y libertades. Ser republicano es exigir la democracia más absoluta, más igualitaria y más laica. Y ser ateo es, además, afrontar, desde un punto de vista exclusivamente humano, la ley, la libertad y la justicia.

¿Cómo abordar, desde este planteamiento, una práctica política que responda a las exigencias éticas planteadas? Un análisis atento de las estrategias y movimientos de las organizaciones religiosas nos permite elaborar un mapa crítico caracterizado por el auge de los fundamentalismos y por la desorientación que los partidos y colectivos progresistas experimentan al respecto de su interpretación y su neutralización. La complejidad de la situación histórica y la falta de coherencia intelectual de muchos que se consideran de izquierda conduce a un tipo de resignación desastroso. Para éstos, la justicia como placer social debe remitir ante los ingredientes más o menos violentos de las tradiciones religiosas, y la apetencia acrítica de la pluralidad desembocar en el falso paraíso de la tolerancia y del respeto a las ideologías que sitúan la voluntad de un imaginario “Dios” por encima de la de los hombres. Lo cual obliga a la renuncia de la lógica como principio arquitectónico de toda ética y de todo sentido común.

La ofensiva contra el laicismo, tanto en Europa como en el resto del mundo, se enmarca en un escenario definido por el crecimiento de las identidades religiosas y de sus ambiciones. Los diferentes fundamentalismos plantean de forma radical la idea de comunidad política. Según ellos, el Estado debe basarse en un pacto de integración religiosa, en la restauración de la creencia colectiva como fundamento moral y jurídico de la sociedad. Apelando al derecho de libertad religiosa en Occidente, y a la reivindicación geopolítica en los territorios subyugados por el Islam, las corrientes fideístas infiltran su mensaje en medios de comunicación, instituciones educativas y centros de decisión. Aparentemente enfrentados, operan sin embargo en forma de alianzas tácticas, puesto que todos ellos manifiestan abiertamente su enfrentamiento con los avances científicos, éticos y culturales tendentes a la humanización y laicización de las sociedades. Todos ellos, además, condicionan la aspiración laicista al ámbito del relativismo y de los restantes “errores” de la modernidad. El Sylabus, no lo olvidemos, persiste todavía en el código moral de aquellos para quienes el derecho debe subordinarse al dogma de la creencia. Es imprescindible, entonces, blindar el ámbito público de cualquier influencia teológica, y es igualmente imprescindible promover el debate, la reflexión y la denuncia de las actuales formas impositivas del clericalismo aliadas con la derecha católica.

En el mundo moderno, la religión es una fuerza fundamental, quizá la fuerza fundamental, que motiva y moviliza a la gente. En la actualidad, asistimos, querámoslo o no, al desarrollo de una serie de ofensivas fundamentalistas que amenazan tanto la laicidad de los Estados como la seguridad internacional. Veamos algunas de ellas:

América Latina se ha convertido en un verdadero campo de experimentación, principalmente por parte de las sectas evangélicas, que imitan las técnicas agresivas de propaganda de los misioneros norteamericanos que invadieron el territorio en décadas anteriores. La Iglesia católica considera a la población de esta zona como un objetivo evangelizador prioritario, intentando mantener un difícil equilibrio con la competencia. Muchos movimientos indígenas han asumido una actitud belicosa con respecto a la Iglesia, sobre todo tras el viaje de Benedicto a Aparecida, en Brasil, y la publicación de un documento final por parte de la Conferencia Episcopal Latinoamericana que provocó fuertes tensiones.

La Iglesia conserva un status muy privilegiado en la mayoría de estos países, debido en parte a la pervivencia de Constituciones proclives a una confesionalidad más o menos encubierta. El peso histórico de su colaboración con las dictaduras militares del siglo XX permite que exista una corriente de opinión crítica, y que comiencen a surgir colectivos y organizaciones laicistas y ateas, especialmente en Argentina y Colombia. El caso de México es otro; su tradición laicista se enfrenta a una auténtica batalla ante los constantes ataques clericales, cuyo artífice principal es el cardenal Norberto Rivera. La despenalización del aborto en el DF, bajo algunos supuestos, produjo una dura reacción por parte de los obispos. Simultáneamente, su injerencia en política va en aumento, y se está dando en la actualidad un intenso debate público. El nombramiento de Felipe Calderón como Presidente ha favorecido el acceso al poder de una variada colección de activistas católicos y de la derecha cristera mexicana. La Iglesia se permite una actuación descarada, a menudo en forma de provocación.

En Estados Unidos, el régimen de Bush ha favorecido a la derecha religiosa incluso aún más que durante la época de Reagan, tanto en términos de poder político como de influencia moral. El fenómeno más llamativo, sin embargo, consiste en la construcción de la “Guerra contra el terror”, en la más dura línea de las estrategias neoconservadoras que pretenden afianzar un papel rector para los Estados Unidos. Organismos tan opacos como el Project for a New American Century diseñan las fases de un proyecto tendente a asegurarse las fuentes de energía de Oriente Medio, y para el cual se crearon y favorecieron movimientos islamistas radicales que justificaran la invasión de Irak y la implantación de bases militares cercanas a las fronteras iraníes. La religión tiene una especial presencia en la vida de los norteamericanos, y los grupos de creyentes determinan de forma decisiva la opinión pública. La tasa de crecimiento de la población latina explica el aumento de la presión corporativa por parte de la Iglesia católica, que sin embargo observa preocupada la proliferación de movimientos pentecostales y carismáticos muy activos.

En Rusia se ha evidenciado, durante el Gobierno de Putin, un aumento espectacular de la presencia de la Iglesia Ortodoxa en la vida pública. El mito de una identidad rusa íntimamente subordinada a la vigilancia de los popes ha vuelto con fuerza en una sociedad obligada a redefinirse desde el hundimiento del comunismo de Estado. Los privilegios eclesiásticos en materia educativa van al alza, así como la recuperación del papel rector del que disfrutaron en épocas anteriores. La Iglesia católica se esfuerza, en las repúblicas ortodoxas, en introducirse como una cuña mediante una ofensiva evangelizadora muy agresiva, mientras que en las repúblicas islámicas el renacimiento religioso procede de la aspiración de los centroasiáticos a afirmar las identidades que Moscú suprimió durante décadas.

Los musulmanes encuentran su identidad en la comunidad religiosa, es decir, en una entidad definida por el Islam, más que por criterios étnicos o territoriales. La reislamización es un modo de reconstruir una identidad, puesto que los movimientos fundamentalistas, en general, surgen como respuesta a la experiencia de pérdida de sentido y de estructuras sociales seguras generada por la modernización. Pero “Islam” significa, literalmente, “sumisión”. Sumisión a un ídolo máximo y celoso de sí mismo. Aunque también, y principalmente, sumisión a un código impositivo, a un conjunto de referencias transmitidas y de comportamientos heredados que constituyen la cárcel ambiental del creyente.

Europa es hoy atravesada por una marea conservadora. La Francia de Sarkozy sufre un embate brutal contra el laicismo republicano. Italia recupera a un delincuente como Jefe del Estado, y en Alemania las iglesias se amamantan con dinero público. El proyecto de una Constitución para Europa pretende privilegiar conceptos tan equívocos como el de la libertad religiosa, haciendo posible el afianzamiento de los comunitarismos religiosos como sujetos de pleno derecho. La política vaticana se ejerce mediante una presión constante, especialmente en los terrenos de la bioética, la moral sexual y los derechos relativos al cuerpo (eutanasia, aborto y contracepción), que insiste en la conservación de los valores éticos preservados por la familia “tradicional”.

Pero es evidente que el modelo de familia católico no es el modelo universal de familia, sino que lo es tan sólo para una parte de la población y responde exclusivamente a sus valores. En nuestro país es la jurisdicción civil, y no el Código de Derecho Canónico, lo que otorga validez legal a la variedad de tipos de familia existentes. El proceso de equiparación de derechos se ha de situar al margen de la orientación sexual de los individuos, y la supresión de situaciones de marginación forma parte de una concepción laica y no dogmática de las relaciones entre las personas. Por lo tanto, la imposición o la promoción de un modelo familiar exclusivo, hipócritamente definida como una defensa, constituye en el fondo un ataque a la autonomía del derecho civil y a la independencia de éste con respecto a cualquier régimen jurídico confesional.

En nuestro país, la Conferencia de los obispos ha conseguido un protagonismo público indecente, y ha desarrollado una política de confrontación en clara sintonía con la línea más dura del Vaticano. El catolicismo sigue viéndose a sí mismo como la religión histórica de los españoles. En pleno siglo XX, el estado español era el ejemplo por excelencia de una sociedad con una única religión dominante. Obispos, religiosos y católicos en general consideraban que la preservación del orden social era irrenunciable, y que ésta no sería posible sin la voluntad de apoderarse de todo el espacio público, tanto en su vertiente política como religiosa.

La pervivencia de los privilegios blindados por el Concordato del 79 y de los residuos de confesionalidad que impregnaron la redacción del texto constitucional, unido al temor histórico reverencial que el partido socialista experimenta por el voto católico, permiten que los símbolos religiosos subsistan en espacios públicos, que se impongan criterios de fe en la normativa sobre educación, que se destine una buena parte de los presupuestos estatales y autonómicos al mantenimiento de organizaciones e instituciones religiosas y que se privilegie, en resumen, el estatuto jurídico de las iglesias, en especial de la católica. Acabar con la financiación de sectas y empresas religiosas es una prioridad, o debería serlo, desde una política social consecuente.

Una nueva República, en España, desde la perspectiva propuesta y bajo las premisas indicadas, equivaldría a una primavera democrática y laicista, en la que se conjugaría la herencia política y humanista de la anterior con un compromiso de futuro. No es imposible, ni tampoco excesivamente difícil. Pero requiere de una condición previa, que todos hemos de hacernos capaces de transmitir: la capacidad para imaginar nuevas propuestas y nuevos objetivos, para servirnos de nuevos lenguajes y de nuevas líneas de comunicación. Finalmente, exige la capacidad para imaginar una sociedad más libre y con un mayor grado de madurez política. Y esta capacidad florece. Sigilosa y lenta, pero crecientemente.

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miércoles, 23 de abril de 2008

La máquina perfecta


Jaume d’Urgell

Imaginemos una rueda de prensa oficial, ofrecida por un reconocido político vasco, persa, norcoreano, palestino, bolivariano, saharaui, iraquí o cubano… o incluso quizá, por un clérigo musulmán, por citar algún ejemplo hipotético.

Supongamos además, que dicho evento tiene lugar justo después de que el compareciente culmine con éxito un ejercicio militar en el que ponga a prueba una formidable arma de destrucción masiva e indiscriminada… por ejemplo: un cazabombardero de última generación.

Imaginemos, que nuestro personaje imaginario —todavía preso de la emoción tras comprobar personalmente la capacidad destructiva de su nuevo y carísimo jueguete—, declara ante los medios de comunicación haber encontrado «la máquina perfecta».

Supongamos que dicho individuo pertenece a una dinastía de militares acostumbrados a encabezar el poder sin pasar jamás por un proceso electoral… que hablamos del primogénito de un personaje que bien podría pasar a la Historia por su complicidad con uno mayores genocidas del S. XX… un general traidor, golpista y criminal de guerra que, en pago por los servicios prestados a la causa del totalitarismo, habría legado el poder a su fiel becario: «el trepa» por antonomasia. ¿Podéis creer? estaríamos hablando de alguien capaz de cruzar fronteras y pasar literalmente por encima de padres y hermanos; de alguien capaz de forzar «pactos» amenazando a todo un país; de jurar cosas terribles en sede parlamentaria; alguien capaz —en fin— de cualquier cosa, con tal de disfrutar del poder, sin concurrir a las urnas.

Pero volvamos a nuestro piloto imaginario… en el supuesto de que una persona como la descrita en el primer párrafo llamara «la máquina perfecta» a un cazabombardero, es decir, a un aparato que solo sirve para asesinar, haciendo imposible conocer con exactitud a quien se asesina, otorgando la capacidad de asesinar de noche y a distancia, procurando la mayor seguridad para el asesino y excluyendo toda posibilidad de que las víctimas puedan defenderse… ¿qué podríamos responder a tan macabra declaración?

¿Por qué no te callas, terrorista de mierda?

¿Cambiaría nuestra opinión si la persona que hiciera semejantes declaraciones fuera un médico o una abogada, un político vasco o una voluntaria de la Misión Sucre, un estudiante nipón o un programador neoyorquino, una ingeniera química o un príncipe heredero? ¿Qué importancia tendría quién fuera o a qué se dedicara el onanista del fetichismo bélico? ¿Qué son, cazabombarderos humanitarios? ¿Eurofighters de «consenso», «unidad y permanencia»?
Por suerte, cada día que pasa, más y más personas se dan cuenta de que «la máquina perfecta», la verdadera máquina perfecta, es en realidad muy simple en su estructura y funcionamiento: todo se reduce a seis pequeñas placas de plástico transparente, unidas entre sí y cerradas con un precinto, más una ranura en la parte superior, por donde la ciudadanía introduce los sobres que contienen cada fracción proporcional, secreta, libre y universal del único poder legítimo que uno sea capaz de imaginar.

¡Salud y República!

lunes, 21 de abril de 2008

Cuando quise darme de baja de la Iglesia



Javier Domínguez
Blog Sal de la Iglesia. Publicado en Unidad Cívica por la República

Hace ya tres meses que decidí emprender un proceso de Apostasía para que la Iglesia Católica me eliminase para siempre de sus filas, pero como ya he podido ver, no es nada fácil. He acudido a numerosas páginas web donde te facilitan un montón de información para comenzar el proceso, y la verdad es que me ha sido de mucha ayuda, ya que gracias a esta información que antes desconocía he conseguido una pequeña parte del proceso.

Lo primero que hice fue mandar una carta de "Derecho de cancelación" (pincha aquí para descargarla en PDF) dirigida a la parroquia donde fui bautizado. Mis padres me bautizaron en el Castillo de Javier, en Navarra. En esta carta expliqué muy bien mi deseo y mis derechos. La mandé en un sobre con su sello mediante correo postal y adjunté en la misma una fotocopia de mi DNI por ambas caras y mi firma. El lugar en concreto se llama Parroquia de la Anunciación y allí recibieron mi escrito.

Obtuve una inesperada respuesta del párroco, el padre Antonio F., que no sólo me dice que está de acuerdo con mi decisión, si no que me va a ayudar en todo lo que le sea posible. Este párroco, Jesuita, una persona admirable desde mi punto de vista ya que he podido charlar con él por teléfono, y que me ha demostrado ser una persona muy coherente y en desacuerdo con muchas cosas de la Iglesia Católica, me respondió con otro correo postal en el que me adjunta una fotocopia de mi hoja bautismal, en la que vienen escrito los datos de mis padres, los míos, la fecha, los padrinos del bautismo, etc. y me comenta que va a emprender el proceso por su parte, allí, en esta parroquia. Al mismo tiempo que mandé esta primera carta a la parroquia de Javier, en Navarra, mandé otra carta de "Derecho de cancelación" (pincha aquí para descargarla en PDF) dirigida al Obispado/Arzobispado de Navarra, con su fotocopia del DNI por ambas caras y mi firma.

Del Arzobispado de Navarra obtuve una respuesta del Secretario General en forma de correo postal en el que se me advertía que el proceso que había emprendido no iba a servir de nada, y que debería de "redirigir mi alma por el camino correcto del señor, etc." Al menos me facilitó los datos del Arzobispado de Madrid y me dijo que de no recapacitar y querer seguir adelante con el proceso, me tenía que dirigir al Arzobispado de Madrid.

Así lo hice, volví a escribir de nuevo la carta de "Derecho de oposición" con su fotocopia del DNI por ambas caras y mi firma, esta vez dirigida al Arzobispado de Madrid. Tardé un mes y medio en recibir una respuesta, pensaba que no me escribirían nunca, pero al fin lo hicieron. Abrí la carta lleno de ilusión pensando que por fin había conseguido mi objetivo y cuando empecé a leer me llevé una gran decepción (en parte me lo esperaba). Este Arzobispado de Madrid no sólo me dice que no pueden borrarme de sus libros si no que lo que estoy haciendo es un error y que debo recapacitar sobre apostatar ya que es un pecado gravísimo que bla, bla, bla. Pero que de todas formas debería de rellenar una hoja (Hoja que me adjunta en su carta para que la rellene) y que me vaya a una parroquia de mi barrio para que la vea un notario o un cura/notario y que dé su aprobación y lo selle y un montón de cosas que al final no me van a servir para nada.

Es entonces cuando les llamo por teléfono para decirles que están equivocados, que sí que puedo apostatar y que ellos tienen la obligación de borrarme si yo así lo deseo mediante una petición formal. Cuando llamé por teléfono me atendió un señor que me dijo que era el Canciller del Arzobispado y aquí me llevé una gran sorpresa, este señor no sólo me dijo que la persona con la que tenía que hablar no estaba, que estaba de vacaciones (???), me preguntó que cuál era el motivo de la llamada, y cuando le dije que era por una carta que le había mandado para apostatar, soltó una gran carcajada (¡Lo juro!) y poco mas que me insultó, me habló de muy malas maneras y me llamó de todo menos buen cristiano (No soy Cristiano, soy ateo) y me dijo literalmente: "Haga usted lo que le de la real gana, como si quiere ponernos una denuncia, usted sabrá donde se mete..."

Intenté calmarle pero me colgó. Me dio miedo este señor, de verdad. Una semana después decido volver a llamar por teléfono, para darles una última oportunidad, lo último que quiero es poner denuncias y demás procesos engorrosos (Si hace falta, lo haré sin dudarlo, pero sólo en el último caso). Ahora sí que conseguí hablar con la persona del Arzobispado que me respondió a mi carta con una negativa y poniéndome muchas problemas, pegas y dificultades.
Este señor es el Secretario de la Vicaría General y se llama Fco. Javier J. B. I. Cuando hablé con él, parecía un poco más amable que el Canciller que me había tratado con total desprecio por teléfono. Me dijo que no podía hacer nada con los datos que le había enviado y me confirmó lo que me decía en su escrito, que debía rellenar una hoja que el me había facilitado para que luego la sellara un notario o un cura/notario de mi barrio, etc. No me da muchas esperanzas.
Al final, harto de todo y de dar tantas vueltas, por no discutir, decido ir a la parroquia "Nuestra Señora de las Maravillas y Santos Justo Pastor", que es la mas cercana a mi domicilio, en el barrio madrileño de Malasaña. Primero busqué en Internet (Maravillosa herramienta) el teléfono de esta parroquia para no perder el tiempo y encontrarme con un portazo en las narices. Pregunté por el párroco, y me dijeron que no estaba pero que le llamara mas tarde, que preguntase por el padre Basilio. Pasadas un par de horas llamé de nuevo y conseguí hablar con él. Me preguntó el motivo de la llamada y le dije que era por un proceso de apostasía, que el Arzobispado de Madrid me había dirigido a esta parroquia.

Este párroco en un principio no quería recibirme ni en pintura, pero le dije que había hablado por teléfono con el Secretario de Vicaría General del Arzobispado de Madrid y que era un tema muy importante. Después de discutir por teléfono un rato al final a regañadientes me dice que puedo ir a verle a las 7 de la tarde. A las 7 en punto de ese mismo día fui a la parroquia, y no estaba, me dijo otro cura que estaba reunido y que a las 8 tenía misa...

Bien, yo me senté en un banco de la Iglesia a esperar (incomodísima situación para mi), al final, después de 20 minutos de retraso, salió por una puerta un cura de unos 65 años y le pregunté si el era D. Basilio, extrañado me dijo que sí. Le comenté que yo le llamé por teléfono por la mañana y me dijo "Ah, si, si... tu querías apostatar, ¿no? Me invitó a pasar a un oscuro y frío despacho y nos sentamos en una mesa. Le expliqué todo el proceso y los problemas y dificultades con las que me había topado.

Este señor, después de 20 minutos intentando convencerme para que no siga adelante, y explicarme quién es Jesucristo, Dios y la Iglesia Católica (sin ningún tipo de éxito), le dije que por favor me firmara la hoja que el Arzobispo necesita. Al ver que no tenía nada que hacer conmigo, me firmó la hoja por duplicado, puso el sello de la parroquia y a continuación se levantó de su silla y me expulsó de su despacho a empujones y gritándome que me fuese a la calle.
Una vez conseguida la firma y el sello en este papel, procedo a mandarlo de inmediato al Arzobispado de Madrid, pero... no tengo ninguna respuesta.

Dos meses después, vuelvo a llamar por teléfono a el párroco Jesuíta que me ayudo mucho en el inicio de mi "cruzada" y me confirmó que ya había apostatado correctamente, ya no constaba en los libros como un "Cristiano" y por tanto, a efectos legales he dejado de ser un miembro de la Iglesia Católica. También llamé al Arzobispado de Madrid de nuevo para confirmar mi apostasía y los datos y fecha coinciden con los de mi amigo Jesuíta, ya no pertenezco a la iglesia como un fiel mas. En ambos sitios me dicen que me puedo pasar en persona cuando quiera a comprobar los libros bautismales con mis ojos. Lo haré.

Al final... lo he conseguido.

viernes, 18 de abril de 2008

Rosario "La Dinamitera", Siempre viva en nuestra historia.


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Miguel Hernández

sábado, 12 de abril de 2008

77ª Aniversario de la II República



14 de Abril.

11:00. Cementerio de San Rafael. Ofrenda floral a los caidos por el franquismo.


20:00. Plaza de la Constitución. Despliegue de Bandera Republicana.

martes, 8 de abril de 2008

Hacia el camino de la 3ª República, conmemoramos la 2ª.


Inmaculada Pérez Martín.
Publicado en Unidad Civica por la República / Kaosenlared / Mercurio Digital / Rebelion

Ante la proximidad del 14 de Abril, organizaciones y colectivos se preparan para la conmemoración del 77ª aniversario de la llegada de las libertades a nuestro país, la II República.

Así como durante la II República llevó a cabo reformas impensables durante la fatídica época de Alfonso XIII, como llegaron a ser la declaración del estado laico, separando los poderes gubernamentales de la iglesia, todos los avances que trajo el modelo educativo para la transformación cultural y política del pueblo y la renuncia a la guerra como instrumento político, en la actualidad, nuestra sociedad necesita conciencien ciarse de los avances de la III República que no solo se basan en las reivindicaciones del pueblo durante la II República y la disolución de la monarquía, sino también a muchos aspectos políticos, para la sociedad de hoy, entre los cuales se refleja una mayor protección a la clase obrera y la socialización de las necesidades básicas, haciendo hincapié en un verdadero derecho a vivienda, educación y demás carencias ciudadanas.

Estamos asistiendo a un cambio social que requiere la organización de la izquierda hacia una III República, que ilusione de nuevo a nuestra sociedad relanzando una alternativa política por y para el pueblo, donde no solo prevalezcan los valores del conformismo social-demócrata, sino que definan una izquierda transformadora. En definitiva, una sociedad que reclama iguales derechos para todos.

Tras el ya largo discurso de “la izquierda dividida” es hora de reivindicar una izquierda plural y concienciada con sus muchos valores, para que así se vean representados en un estado republicano, federal, laico y pacifista, donde además el ciudadano esté respaldado por sus políticos y se acabe con la fábula de que cada 4 años se celebra la democracia en nuestro país, aún con una alternativa bipartidista estancada en el capitalismo que no deja que el pueblo termine de avanzar social y políticamente.

Es hora de dar democracia, compañeros y compañeras, de apostar por el debate político de la conciencia de los pueblos, de revolucionar los movimientos sociales como base necesaria de un estado radicalmente democrático, es el momento de la educación laica y gratuita, de la renuncia a la guerra y del freno a la represión ideológica.
Es el momento de dar a conocer los ideales de una sociedad abierta y verdaderamente democrática, donde la sociedad conviva pacíficamente donde la única arma sea la palabra.

Aprendamos a convivir en una República de izquierdas, llevemos a cabo la unión de las fuerzas políticas y ciudadanas que conmemoramos el 14 de Abril. Es el mejor homenaje que podemos hacer a los caídos por la lucha en contra del golpe de estado de 1936, donde el pueblo nos enseñó a luchar por la libertad y la igualdad en la demostración más fiel de fraternidad.

¡Viva la República!

Feria de Sevilla, Carrero Blanco y Ramón de Carranza: símbolos fascistas, ¿hasta cuando?




El Boletín Oficial del Estado número 310, de Jueves 27 diciembre 2007 publica la LEY 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.

En su artículo 15 sobre Símbolos y monumentos públicos, y un su primer punto, se puede leer que «Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas».

Hoy lunes, comienzo de la Feria de Sevilla, es un día en el que desde Izquierda Republicana queremos aprovechar para denunciar al gobierno del ayuntamiento de nuestra ciudad, pues nunca se entendió, una vez reinstaurada la democracia, pero menos ahora con el respaldo de esta norma, que el llamado real de la feria, en su límite norte, hacia el barrio de Los Remedios, halle, como vías que lo comprenden, las consecutivas avenidas que tienen como nombre y, por tanto, como placa nominativa, al presidente fascista Carrero Blanco, y al fascista y asesino alcalde Ramón de Carranza.

De la figura de Carrero Blanco, recordar que estaba llamado a mantener el llamado Movimiento Nacional, tomando las riendas mandatarias que el golpista, dictador y genocida Franco había mantenido en España durante cerca de 40 años. En 1973 el franquismo da sus últimos coletazos. Franco deja en manos del almirante Luís Carrero Blanco la Presidencia del Gobierno. Ese mismo año este mandatario fascista fue asesinado por la banda terrorista de ETA.

Lo cierto es que este fascista da nombre a una de las avenidas que limitan el real de la feria sevillana, y su placa sigue figurando a este efecto, como un símbolo fascista en nuestras calles.

En cuanto a Ramón de Carranza, este oligarca andaluz, fue impuesto alcalde de Sevilla por Gonzalo Queipo de Llano en lugar de Horacio Hermoso Araujo, alcalde republicano (Izquierda Republicana) hasta el golpe militar en el que fue fusilado por los sublevados.

Durante la sangrienta represión de la provincia de Sevilla bajo el mando de Queipo de Llano, se organizaron columnas mixtas de militares y no militares: falangistas, requetés carlistas, guardias civiles… con apoyo económico, armamentístico y en hombres de los acaudalados terratenientes de las distintas villas.

Un ejemplo de columna, fue la que mandaba Ramón de Carranza, alcalde ya entonces de Sevilla. Al tomar una villa, Carranza instauraba siempre un nuevo ayuntamiento de derechas y transportaba gran número de prisioneros a Sevilla para que los ejecutasen. No fue casualidad que en muchas localidades de la provincia conquistadas por esta columna hubiera propiedades importantes de las familias de carranza y otros miembros acaudalados de la columna.

Tal individuo también da nombre a una de las avenidas que limitan el real de la feria sevillana, y su placa sigue figurando a este efecto, como un símbolo fascista en nuestras calles.

Volviendo al comienzo, estos dos individuos, siguen dando nombre a dos de las principales avenidas sevillanas, consecutivas en cuanto a su ubicación, y ligadas actualmente al real de la feria, con sus placas correspondientes. Todo un agravio, toda una vergüenza que nuestro ayuntamiento democrático tiene el deber de zanjar.

Símbolos fascistas públicos, NO.